Escolar (1978-1980)

 

Sólo conservo dibujos desde tercero de secundaria. Un hada mágica mantenía estéril la habitación infantil.
El mejor retrato quedó sellado en el ataúd de mi abuela: su compañero y mi mejor amigo, Maggi el gato siamés.

Sólo se muestran las caricaturas de profesores y compañeros que no comprometen su dignidad. Lamentablemente son minoría. 

 

 

1978

 

 

 

 

Tal vez el primer retratado fue el modelo discreto e incondicional del espejo

 

y luego los desatentos amigos de la pantallita gris.

 

 

Sin darme cuenta, fui probando la tolerancia de la autoridad conforme ganaba destreza.
Primero con eventos locales,

 

luego con íconos universales

 

 

  

y regionales.

 

 

 

Su aula privilegiada contenía una colección de cadáveres que seguramente demandó años y viajes, y aquella puerta con candado que se sacudía durante clases. Sin que pudiéramos preverlo, esta representación iniciaría una saga del humilde héroe asesinado y renacido cíclicamente 

 

 

 

 

que logró trascender su mundo biológico a realidades históricas 

 

y permitió la circulación de autoridades nacionales y locales a otros cursos. 

 

 

(hasta en sus propios cursos, siempre y cuando fueran asesinados por él)

 

 

Un día Jose Mauro de Vasconcelos dió una charla cerca del colegio. Sólo algunos fuimos llevados. Tal vez quienes tenían calificaciones más altas. Tal vez la profesora quería que lo dibuje. No lo recuerdo. Sólo recuerdo su consternación cuando me acerqué al podio no a obsequiarle la caricatura, sino a pedirle que la autografíe dedicada a mí: un atrevido ignorante de catorce años.

 

 

1979

 

 

Las clases de educación física eran para quienes jugasen fútbol, o para quienes consiguiendo un certificado médico, quisieran posar.

 

 

 

1980

 

 

 

Tras varios cuentos peruanos y un viaje a la sierra, se armó una historia de curanderos y abigeos que representé como una enorme historieta a la aguada en diez pliegos folcote,

 

 

que sería robada con engaños por una sueca -miembro de un grupo religioso que frecuentaba la casa.

 

 

Sentía cómo mejoraba.

 

 

 

Empecé a usar pincel para los colores

 

 

y descubrí que en las películas el personaje era delineado pero los fondos no. 

 

 

Con el colibrí que permaneció tras el vidrio del comedor, aprendí que las líneas de los contornos eran una ilusión 

 

que podía hacerse en diferentes colores y con pincel.

 

 

 Otras realidades aprovecharon la oportunidad para ser representadas.

 

 

 

  

La última semana del año nunca dictaban clases aunque cobraban y asistíamos. Decidimos armar una banda para lo cual cada quien eligió el instrumento musical que aprendería a tocar. Entre tanto entusiasmo no podía faltar la inmediata representación de nuestro primer concierto. Esa misma tarde completé los colores de nuestro vestuario. 

 

 

   

Pero la realidad tendría otros planes para cada uno de nosotros, y ya algo que yo aún no conocía -lo anunciaba